La De-Construcción Territorial y la Polivalencia Espacial como Alternativas para la Inversión en Infraestructura Social: El Caso de Ciudad Juárez
Como es bien sabido el gobierno mexicano declaró la guerra al narcotráfico a fines del año 2006. Se estima que la guerra ha tomado entre 35,000 y 40,000 vidas de las cuales entre el 20 y 25% han sido arrebatadas en Ciudad Juárez, una ciudad con el 1.5% del total de la población del país. Se estima también que la ciudad ha perdido alrededor de 250,000 habitantes, o 15% de su población, los cuales han emigrado en mitades iguales a El Paso, Texas y sus alrededores, así como al resto del país en México.
Entre las muchas cosas que al parecer han quedado sin estudiarse lo suficiente en Ciudad Juárez a raíz de los eventos descritos es el empleo de las cicatrices y la ruina dejada por la violencia urbana como una estrategia para definir ubicaciones estratégicas para la construcción de nueva infraestructura urbana en Ciudad Juárez. Obras que abracen e incluyan los monumentos informales e improvisados además de aquellos oficiales y cívicos. Estos sitios se entiende se encuentran dispersos por toda la ciudad armando un tejido urbano con un valor potencialmente articulador; pero quizás no.
Muchos de los eventos violentos dejan marcas en el paisaje dependiendo de su escala o impacto. Sin embargo, en su repetición, terminan caracterizando patrones que identifican o re-significan barrios o distritos urbanos enteros. Desde grandes secciones de la periferia del valle de Juárez a intersecciones urbanas congestionadas, y, ciertamente, a barrios marginales y segregados espacialmente donde se concentran las poblaciones de menos ingresos habitando zonas informales o autoconstruidas a otras desarrolladas formalmente. A raíz de los últimos hechos destaca en este renglón, por ejemplo, el área de Riberas del Bravo. El día e imagen de hoy de Ciudad Juárez se cubre de una serie de monumentos o mausoleos recordando dónde, cuándo, y a veces cómo sucedieron los hechos. Algunos de éstos se han convertido, incluso, en símbolos reconocidos internacionalmente, como es el caso de las cruces rosas que recuerdan a los homicidios de mujeres ocurridos antes de la actual guerra.
Los 3 niveles de gobierno están en el proceso de planeación y, más, de construcción de infraestructuras sociales para la ciudad, misma que incluye espacios y servicios públicos, así como inversión en educación. Estos espacios se espera provean con oportunidades de actividad para la juventud juarense, de manera que sea apartada del crimen y vandalismo. Destaca la inversión del gobierno federal dentro del programa llamado “Todos Somos Juárez”. Una respuesta de arriba abajo que inicialmente respondió detonada por la tristemente famosa masacre de las Villas de Salvarcar a principios del año 2010, donde 15 jóvenes fueron asesinados en un solo evento. Un evento más sucedido en un aislado fraccionamiento de interés social rodeado de plantas industriales. “Todos Somos Juárez” incluye un presupuesto de cerca de mil millones de pesos lo que representa una cantidad quizás sin precedentes en infraestructura social en una ciudad como Ciudad Juárez en México.
Esto es una gran oportunidad pero hace que surja la pregunta de ¿cómo este muy afectado y fracturado paisaje urbano se puede orientar en su re-estructuración derivada de esa inversión? ¿Cómo podría ser que aquellas áreas dónde ha habido concentración de violencia o crímenes puntuales de gran impacto primero recordarán y después tomarán la oportunidad de incrementar su interconectividad urbana a raíz de la inversión aplicada? ¿Cómo se puede planear estratégicamente para algo que incluye toda una diversa gama de elementos y espacios urbanos, desde el centro tradicional, a espacios residuales, a los extensivos y fragmentados terrenos de interés social, a los barrios informales? ¿Podría ser que esta historia de violencia se convierta en rastros geográficos que provean de un nuevo tejido tanto de sintaxis como de semántica urbana? ¿Puede ser que la lógica perversa del crimen, sus estrategias y tácticas, convertirse en la condición con la cual reaccionar por medio de inversión pública igualmente responsiva e inteligente?
Si los sicarios de Salvarcar pudieron fácilmente aislar el vecindario, bloquear sus accesos para cometer un acto con impunidad ¿Cómo es que esto no se convierte en una lección de urbanismo para la inversión pública? ¿No ayudan las tácticas empleadas por el crimen a entender qué es lo que se tiene que cambiar en el medio físico de la ciudad? De hecho los orígenes de la planeación urbana han estado directamente ligados tanto al ejercicio del imperialismo o colonialismo como al entendimiento militar del medio físico y natural. ¿Por qué los arquitectos y urbanistas no aprendemos a pensar y actuar, en nuestras consultorías y en nuestra práctica, suficientemente como estrategas urbano-arquitectónicos? La inversión pública en Ciudad Juárez es una de las pocas oportunidades para apalancar la situación actual como una catapulta para un tejido urbano mejor integrado. Hacer lo anterior va más allá de actuar exactamente donde sucedió el hecho. Habría que pensar en términos urbanísticos por qué sucedió ahí, cómo, cuándo, y no tanto dónde. Esto último lo puede hacer cualquiera.
Un análisis de mapeo del desarrollo urbano histórico de la ciudad revela como las áreas de altos ingresos contra las de bajos ingresos, las formales contra las informales, han sido tradicionalmente opuestas. Sin embargo, al paso de los años, con patrones de desarrollo urbano fragmentados, lo que hay hoy en Juárez no es un lado pobre y otro rico; por el contrario, hay una serie de relaciones coincidentales o resultantes del modelo de desarrollo carente de suficiente planeación. Estas relaciones incluyen: ricos al lado de pobres y viceversa, ricos rodeados de pobres y viceversa. Esta es una oportunidad para Juárez. Una alternativa para la recomposición de los tejidos urbanos y los sociales. Muchas de las áreas de bajos ingresos han sido golpeadas fuertemente por el crimen. Derivado de las condiciones sociales que obligan a la población a ocuparse en la ilegalidad o de la inaccesibilidad determinada por la carencia de infraestructura. Las múltiples intersecciones, más bien colisiones, de las retículas urbanas aumentan el difícil acceso. Desafortunadamente algunas de las inversiones en infraestructura social están siendo ubicadas en estas zonas sin resolver el problema de desintegración espacial. Algunas de estas inversiones se ubican como elementos centrales de enclaves que pueden perpetuar las condiciones espaciales que permiten, por ejemplo, que jóvenes jugando fútbol rápido sean emboscados en un centro comunitario (caso de la colonia Francisco I. Madero). Como se comentó, algunas de estas inversiones se emplean casi como mausoleos justo en el fraccionamiento de difícil acceso dónde se encuentra un único grupo social (caso de Salvarcar). La oportunidad perdida en estos casos fue el emplear a la inversión en infraestructura social como elemento de puente social, en lugar de centro social.
¿Dónde hacer infraestructura social pues?
De nuevo actuando en contra de la práctica de hacerlo en acciones puntuales donde hay crimen es el hecho de que no existe un, completo, mapa público de la violencia en Ciudad Juárez. Saludable costumbre en muchas otras ciudades en países desarrollados, en Juárez no aparece esta pieza fundamental de información. Vale la pena pensar por qué y a qué intereses podría afectar de existir de manera pública. Quizás el esfuerzo más importante desarrollado recientemente es el de las “Crónicas de Héroes”, proyecto construido por el Massachusetts Institute of Technology (MIT). El mapa accesible por internet revela, no sorprendentemente, una concentración del crimen en la zona central de la ciudad. Esto puede explicarse por ser esta la zona de principal actividad pública, pero también es contradictorio con las ubicaciones conocidas de crímenes de alto impacto en barrios periféricos, así como los recientes casos en bares. También podría explicarse por el hecho de que estas periferias no tienen tan alto acceso al internet como las zonas centrales, limitando en consecuencia su capacidad de información y de reporte de comportamientos heroicos.
Sobre lo que sí hay información en la ciudad, y bastante, es sobre las condiciones sociales. El IMIP, el INEGI, por contar a los más visibles, han producido mapas de la ciudad que muestran estratos sociales y en consecuencia territorios. Empleo el término territorio en el sentido casi castrense, de control. En el sentido de definición de fronteras y vaya que a Juárez la hemos construido como una cacofónica sinfonía de fronteras. No es difícil concluir que ante la definición de fronteras se simplifica la definición de territorios, de controles, y ante los vacíos siempre hay alguien próximo a ocuparlos.
En vista de esta relación entre crimen, infraestructura, acceso, ubicación, y falta de información parece que la mejor estrategia es una que de-construya o reconfigure la territorialidad de la ciudad. Una estrategia anti-territorial para la organización de la inversión pública y el espacio público. En lugar de construir centros de barrio un cambio hacia la construcción de puentes sociales entre comunidades divididas y entre grupos sociales. No deja de ser representativo que el elemento de puente sea tan significativo para Ciudad Juárez en su realidad de ciudad binacional en conjunto con El Paso, Texas. Y no me refiero, literalmente, a puentes estrechos y dedicados solo a una cosa. Me refiero a la capacidad de juntar, de integrar, de contener, y de ofrecer.
Hay ejemplos de espacios públicos que son puentes construidos en los últimos años. Uno de ellos es el parque “central” Hermanos Escobar, dividido por el tramo urbano de la carretera federal 45. Haciendo puente entre el corredor industrial del ferrocarril con barrios populares al este del mismo. Construido en su forma actual en los noventas, el parque está dividido en dos mitades y marca el paisaje con un prominente puente peatonal que desafortunadamente ha sido presa de la publicidad, legal e ilegal. Si bien los bordes del parque son críticos para su conectividad real y estos no tienen las condiciones ideales, la ubicación es idónea para la exploración del concepto de de-construcción de la territorialidad.
Otro concepto adicional al puente social es el de la polivalencia o indeterminación espacial del espacio público. El centro comunitario de la colonia Francisco I. Madero revela un espacio congestionado de programas definidos y poco flexibles y una ausencia casi residual de espacios indeterminados y en consecuencia completamente públicos: aquellos donde se puede hacer lo que sea con la libertad necesaria. Para lograr esto se necesita, sin embargo, suficiente espacio. Desafortunadamente la costumbre gubernamental es, con mucha frecuencia, arrojar programas espaciales predefinidos (canchas, unidades deportivas, centros de diversas índoles) y por naturaleza constreñidos al problema. El hecho de que la vistosidad de estas obras la otorga el usuario ciudadano y lo vivo (plantas, árboles, agua, animales, pájaros) y no tanto lo físico y permanente explica en parte el desdén con que las autoridades entienden al espacio público.
La indeterminación espacial y/o polivalencia es solo la continuidad a menor escala de la estrategia propuesta de de-construcción territorial.
También hay algunos ejemplos existentes de este tipo de espacios. La relativamente reciente renovada Plaza del Monumento a Juárez ha demostrado en su ocupación reciente las importantes capacidades y la responsabilidad espacial de lo público en una ciudad como Juárez. Este versátil espacio ha sido usado, entre otras cosas, tanto para bailes folklóricos, como para convertirse en pista de hielo temporal (con gran éxito al parecer), como para acoger a manifestantes pidiendo el fin de la violencia. En este último evento los escalones que le dan jerarquía al momento sirvieron como lienzo para la palabra justicia. El plan maestro del cual forma parte el proyecto de esta plaza la articula con el corredor del ferrocarril que la separa del centro de actividad más vital dentro de la zona antigua de Juárez. Con el escenario de una posible futura remoción del ferrocarril a la periferia oeste de la ciudad (la gobernadora de Nuevo México recién firmó una ley para promover la mudanza de los patios de la empresa ferrocarrilera principal a la periferia poniente de la ciudad binacional) el completar el plan maestro contribuiría a la conformación de todo un corredor potencialmente integrado por numerosos puentes sociales en la forma de espacio público desde el centro al extremo sur de la ciudad.
Así bien, la tesis propuesta en conjunto es: inversión en infraestructura como puente social y como cimiento polivalente para el público. Las oportunidades para esto ocurren entre zonas o distritos urbanos; no dentro de ellos. En Ciudad Juárez se pueden identificar las siguientes tipologías geográfico-sociales en un afán de proveer un sentido estratégico a esta propuesta:
- Puentes y corredores centrales: todas aquellas oportunidades ubicadas dentro del centro urbano, incluyendo el centro histórico y el PRONAF. Estas áreas tienen además una responsabilidad adicional para proveer de significado cívico a sus espacios y a la ciudad.
- Puentes y corredores en zonas informales: concentrados fundamentalmente en el poniente, a groso modo, entre el corredor industrial del ferrocarril y la Sierra de Juárez. Éstos ofrecen la oportunidad de continuar con los esfuerzos de planeación y obra pública enfocados a disminuir los asentamientos a lo largo de arroyos y zonas inundables así como la inclusión del concepto de infraestructuras de paisaje polivalentes donde tanto se efectúe el manejo de aguas pluviales como de lo público.
- El ya comentado corredor del ferrocarril en su forma de corredor central de Ciudad Juárez. La espina para el desarrollo urbano de la ciudad hasta los ochentas. Esta área continúa siendo un importante concentrador de empleo mezclado con amplios espacios vacíos en su longitud. Como se comentó también, ofrece la capacidad de vincular barrios al poniente con aquellos al oriente.
- Y el más numeroso de todos: los puentes y corredores de integración trans-territorial (que terminarán por fomentar la disolución esos territorios). Estos existen en toda la mancha urbana pero sobre todo se encuentran en la mitad oriental de la ciudad (tomando como línea divisoria al corredor del ferrocarril). Estos corredores establecen ubicaciones para los puentes donde la integración social entre distintos grupos sociales sucederá con mayor facilidad por su casi contigüidad física. Además tienen el valor adicional de que estas inversiones contribuirían también a la reparación o terminación de los tejidos urbanos tan fragmentados en esta zona de la ciudad. Como ventaja está que en estos corredores urbanos de infraestructura hay tanto centros de empleo, maquiladoras, como espacios vacíos. Muchos de estos últimos están destinados, o esperanzados, a usos industriales. Los fondos disponibles actualmente serán de las pocas oportunidades con las cuales se tengan recursos que hagan posible la compra de algunos de estos predios.
En fin, estos corredores donde se ubicarán los puentes sociales significan, contradictoriamente, la definición de territorios para de ahí pasar a la conexión y disolución entre ellos. Por su escala son distritos que no se definen por una barda o espacio vacío, como es el caso de los territorios actuales, sino que sus dilatadas fronteras extienden el concepto de puente social al convertirse en la ubicación ideal para corredores urbanos de comercio servicios, y, espacio público. Estos últimos entendidos como infraestructuras sociales tácticas ahora pero respondiendo a una visión a gran escala.
En condiciones extremas hay que buscar encontrar beneficios o potencial donde no se pensaría que lo pudiera haber. En una ciudad tan dividida como Juárez las prioridades y los criterios pueden ser la conformación de territorios más grandes que incluyan más grupos sociales. Aunque la ciudad abierta es la dirección adecuada, la (legal) lógica inmobiliaria y colectiva podría ser más sensible a una visión que continúe reconociendo que en las ciudades hay diferencias, pero de ahí, a que la lógica de inversión contribuya a la construcción de enclaves y guetos aislados hay una importante diferencia. El arquitecto José Castillo escribió recientemente en un editorial en la revista Domus que los arquitectos operando en Ciudad Juárez deben de ser críticos optimistas. Hay que sumarnos. Es sin duda más optimista el espacio dinámico de un puente o un corredor así como la condición espacial expectante de lo indeterminado y lo público, que un mausoleo estático, sobre-programado o mono-programado.
(La versión original en inglés de este texto fue presentada como una ponencia el congreso “Urban Nature” organizado por el Council of Educators in Landscape Architecture (CELA) en Los Angeles, California, en el mes de marzo del 2011. Esta versión en Castellano fue publicada en la revista oficial de la Barra de Arquitectos de Chihuahua “Arquitectura Entre Líneas” en su ejemplar de los meses de Junio-Julio del 2011)